sábado, 14 de mayo de 2011

Sin sentido y sin final

Antes de leer, sepa ud, querido lector, que esta historia es corta, sin sentido y sin motivo, tan solo son palabras acomodadas de una "bella manera"

Bienvenidos nuevamente a los escritos de medianoche



Caminaba, solo caminaba por la acera de adoquines rojizos. La lluvia me caía encima acariciando mi rostro y con cautela me anunciaba un fuerte resfriado.
Llegue a su pórtico y me senté en las escaleritas. Descolgué el estuche aparatoso que me colgaba en la espalda, saque mi guitarra y me dedique a tocar. Chao lola, no me olvides, me voy… toque canciones tristes que me recordaban tu aroma. Canciones que mágicamente me susurraban al oído que tu no volverías, que ya habíamos llegado al abismo y que no quedaba nada mas, que habías soltado mi mano.
Detuve la tonada, metí mi mano en el bolsillo grande de mi chaqueta, saque una botella y me embutí con aguardiente. Coloque la botella a mi lado, saque un paquete de cigarrillos arrugados, saque dos; uno lo encendí y el otro reposo sobre mi oreja.
Arroje el cigarrillo a la calle empapada, retome mi guitarra y toqué.
Allí permanecí sentado, invocando a Velasco y a Cepeda. No me detuve

1 comentario:

  1. Agradable lectura, me gusta como escribes con una naturalidad, que a pesar de parecer un escrito corto y simple transmita mucho, no sé si de ti, pero si algo agradable. Finalizo con el mismo adjetivo que ya dos veces, y con esta tres, he repetido, agradable; un buen escrito de media noche.

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