martes, 21 de febrero de 2012

7:35

Siete y 35, así comenzaba mi día, con cinco minutos adicionales de pereza matutina, esa que todos aprendemos a odiar cuando llegamos 5 minutos tarde a todo. Me senté sobre la cama y mire fijamente mi habitación. Computador encendido con unas líneas de un buen blog dejándose ver, al lado un cuadernito con apuntes para los momentos de inspiración ociosa y al otro lado, una taza amarilla desteñida con rastros de lo que fue un buen café. Café, que buena idea. Baje las escaleras como si sufriera de artritis y logre llegar a la cocina, serví una taza de café frio y lo puse a calentar en una olla, que para mi sorpresa, estaba sucia… que sorpresa.

Tome una ducha rápida mientras filosofaba de mi vida y de lo que sería de mí. Salí a toda prisa y me monte en mi palomo… mi adorado y anticuado cochecito, el que tantas locura me había acolitado. Di “start” y escuche el ronroneo del motor… un amargo ronroneo que me recordaba un gato viejo y callejero, a veces sentía lastima de mi carro, pero nada que hacer, a falta de unos pesos, no podía hacer mucho y prefería mi actual medio de “transporte” (si a eso se le puede llamar transporte) a tomar el autobús. Encendí la radio en una estación de clásicos del rock n’ roll y emprendí mi tortuoso viaje.

Trancones, estaba sin duda en la capital mundial de los trancones. Respire hondo y saque paciencia de… -Siéndole muy sincero querido lector, no poseo precisamente la virtud que algunos sabios suelen denominar como paciencia, me limitaba forzosamente a esperar y a divagar mentalmente- luz verde, y, por fin note que el trafico se movía un poco.

-Que cumplido eres! -decía la recepcionista del estudio de fotografía donde trabaja – como siempre, cinco minutos tarde.
-Si Violeta, como siempre…

Me senté en frente de mi escritorio y revise mi agenda… tenía una cita con un buen amigo a la hora del almuerzo, pero antes, unas fotografías estúpidas de un bodegón, siempre había visto pinturas de bodegones, pero… fotos? El cliente tenía que estar sin duda, loco, quizás, hasta más que yo.

Llego a las 10:00 am mi susodicho cliente con una caja metálica, forrada en cuero al mejor estilo FBI y lo invite a pasar al cuarto del “sinfín”.

Cheque en mano y libertad para ir a almorzar. De nuevo en mi adorado palomo, pero esta vez, con rumbo a mi restaurante favorito.
-Como siempre tarde, idiota! – dulce comentario acompañado de una carcajada burlona por parte de quien se podría decir, era como mi hermano, con la condición que nacimos de vientres diferentes.
-Si Gus, Como siempre – Respondí yo con una carcajada pero un poco mas irónica.
- Te traje una sorpresa, pero está en el baño
Gus era la clase de personas que podría dejar en ascuas hasta a una computadora, y a demás era de la clase de ser humano que busca sorprenderte siempre.

Entonces de la nada, llegaron a la mesa un par de señoritas, una, era Lili, la novia eterna de Gus (y cuando digo eterna, es en serio, los vi crecer dándose besos y profesándose amor desde que éramos unos niños) y la otra… Oh Dios, la otra… Perfección inmaculada reflejada en una tez trigueña, un par de cejas pobladas, unos ojos oscuros y profundos y en unas facciones distantes y delicadas.
Era evidente para mí, que mi corazón hacia que mi rostro reflejara la más sincera estupidez que pudiese reflejar un hombre. Sentía que la sangre se estancaba en mis mejillas y escogí, de la manera más sabia posible, permanecer callado, una misión algo complicada para mí, que parecía tener boca en cada poro de mi piel.

Charlamos un rato, pasaron los crepes y una taza de café (Glorioso néctar de la vida, amado café) y mire disimuladamente mi reloj – otra habilidad que no poseo, Disimulo- Hora de irme, me despedí apresuradamente sin antes clavar profundamente mi pupila en la pupila ajena de la pequeña mujer que me había robado el aliento por unos instantes, y partí.

Terminó mi jornada laboral, me despedí cariñosamente aunque algo sarcástico de Violeta y antes de lo que imagine, llegue nuevamente a casa. Encendí mi televisor en el canal de música, tocaba Drexler, a veces me sentía estúpido mientras escuchaba su música, pero hoy, hoy me sentía mes ridículo que siempre, cerraba mis ojos e inmediatamente llegaban a mi cabeza las imágenes de esas pupilas oscuras que conocí en el almuerzo.

Suelo ser algo impulsivo, quizás más de lo conveniente, tome mi teléfono y llame a Gus…
- Necesito que arregles otra salida con ella, por lo que más quieras, arréglame una cita con ella!
- Cálmate!, eres consciente de la hora?! Son las tres de la mañana. Déjame dormir, por lo menos por esta noche!
- Dios Gus, necesito verla!
- Eres un obsesivo – Era algo que el solía decirme a menudo, y, para mí, era más un alago que un insulto
- Lo sé Gus, lo se, pero es en serio, necesito que me arregles una cita con ella
- Deseo concedido, vete a dormir y déjame en paz…

Tuu, tuu, tuu. Que linda manera de despedirse de tu casi hermano. Pero me consolaba el hecho de saber que tendría una cita y la oportunidad de perderme nuevamente en esos ojos.

Despertador, Siete y 35 de la mañana, mire mi celular y con tristeza contemple la palabra “Sábado”. Me gire, coloque mi almohada en mi cabeza, y dormí nuevamente.
Un tormentoso ruido perturbo mi reconciliado sueño, llamada de mi querido Gus
- Dime Gus, que pasa, Has notado la hora?! Son las 2 de la tarde, déjame dormir!
- Hoy a las cuatro, con ella, en el mirador de Piamonte, te apetece?
- Me has sabido alegrar el día colega, Gracias

Ducha rápida, buena selección de mi ropa, y un pequeño exceso de fragancia.

Llegue a Piamonte y pude ver la parte trasera del carro de Gus con tres siluetas dibujadas, el, Lili y… y ella!

Omití cualquier saludo con Gus y con Lili, la tome a ella por sorpresa y la bese. Que maravilloso beso. Volví en mi y note la cara de asombro de los tres, me disculpe, con mis mejillas sonrojadas –nuevamente –y me aleje un poco, hasta que sentí unas manos frías, tomándome por el brazo y jalándome hacia ella, me miro y se limito a besarme.

Me Besó

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